sábado 3 de diciembre de 2011

El genocidio tasmano

La isla de Tasmania (cuyo animal más conocido es el famoso Demonio, actualmente en peligro de extinción) se cree que estuvo unida a Australia hasta el final de la Última Glaciación, hace unos 10.000 años, cuando la subida del nivel de las aguas la aisló, encontrándose actualmente a 240 Km al sureste del continente.
Para entonces ya estaba ocupada por los tasmanos, asentados en la zona desde hacía al menos 35.000 años y cuyo primer contacto con los europeos tuvo lugar en 1642, cuando arribó a la isla una expedición neerlandesa al mando de Abel Tasman encargada de explorar aquellas tierras desconocidas.
Bautizada como Tierra de Van Diemen en honor del patrocinador de la expedición (renombrada como Tasmania en 1856), los europeos describieron a los aborígenes como hombres y mujeres que vivían en refugios hechos con ramas, poco agraciados, con el cuerpo cubierto de cicatrices simétricas, una estatura media de 1´60, polígamos y con una cultura nómada muy simple, ningún tipo de edificación defensiva y transmisores de sus conocimientos por medio de canciones y relatos.

Cuando hacia 1803 llegaron los primeros colonos británicos, quienes se valieron de la expresión latina Terra nullius o "Tierra de nadie" para reclamar esos territorios, había entre 5.000 y 10.000 habitantes autóctonos que a partir de entonces fueron utilizados como esclavos, torturados, mutilados y vendidas sus pieles, de manera que en 1830 quedaban menos de 200.

El genocidio de Tasmania fue una guerra no declarada durante la colonización británica, cuyos inicios muchos hitoriadores sitúan en 1803, cuando se creó el primer asentamiento británico en la isla, una colonia penal formada por los presos deportados y los guardias; otros en 1826, cuando el Colonial Times publicó un anuncio en el que se llamaba a perseguir a los nativos con estas palabras: "La defensa propia es la primera ley de la naturaleza. El gobierno tiene que retirar a los nativos. Si no, serán cazados como animales salvajes"; y la tercera fecha es hacia 1824, cuando el gobernador George Arthur llegó a Tierra de Van Diemen y diseñó varias estrategias para acabar con el conflicto entre colonos e indígenas.

Por un lado recompensó su captura (5 libras esterlinas por cada adulto y 2 por cada niño) y por otro estableció un línea de separación que los nativos no podían cruzar, quedando relegados a las zonas más inhóspitas de la isla. Finalmente hacia 1833 y gracias a la mediación del misionero cristiano Georges Augustus Robinson, conocido como El Reconciliador, los últimos 220 aborígenes fueron persuadidos para vivir en un campamento en isla Flinders (pues pensó que el aislamiento los salvaría) a cambio de alimento, ropa y la promesa, que las autoridades nunca cumplieron, de la temporalidad de la medida. De manera que fueron convertidos al cristianismo, rebautizados con nombres cristianos y reubicados, pero debido al desarraigo, las insanas condiciones de vida y la propagación de enfermedades contra las que no estaban inmunizados, como viruela, sarampión o gripe, la mayoría murieron.

Uno de aquellos últimos tasmanos fue Trugernanner (en la fotografía), rebautizada como Lallah Rookh, el nombre de la protagonista de un cuento oriental. Antes de cumplir los 18, había visto morir a su madre acuchillada por los cazadores de ballenas, a su prometido ahogado y de su hermana raptada no supo más. Trugernanner fue uno de los deportados a la isla Flinders y aunque escapó, fue capturada de nuevo en 1860, herida de bala en la cabeza y enviada a un refugio en Hobart (la actual capital), donde desde 1847 se encontraban los últimos 47 supervivientes y donde en parte se les permitió reanudar su estilo de vida recolectando semillas, plantas y conchas.

Cuando en 1869 murió el último hombre nativo, conocido como Billy, la piel de su escroto fue utilizada para hacer una petaca. Trugernanner le sobrevivió 7 años, hasta su muerte con 64, por lo que es considerada oficialmente como la última mujer aborigen pura y última hablante de su lengua con cuya desaparición se dio por concluido el genocidio, y aunque las autoridades organizaron un funeral oficial y abarrotado, el féretro estaba vacío; había sido enterrada la víspera en el cementerio de la cárcel de mujeres.
Más tarde sus restos fueron desenterrados y expuestos en un Museo, y en 1976 (un año después de que Australia emitiera un sello de correos con su rostro como una de las 6 mujeres australianas más famosas), y coincidiendo con el aniversario de su muerte, cremados y esparcidos, como había sido su deseo.