Una de las ciudades más visitadas de la India, región histórica por sus rutas comerciales y grandes imperios cuyo nombre proviene de uno de los siete ríos sagrados del hinduismo, el río Indo, es la capital del estado de Rajastán, Jaipur o "ciudad de Jai", fundada en 1728 a 265 kilómetros de Delhi por el maharajá o "gran rey" Jai Singh II, y en la que la terminación "pur" indica que es de origen hindú, mintras que si terminara en "ad" apuntaría su origen árabe.También conocida como la Ciudad Rosa por la pasta de grano fino rosado a imitación de la arenisca con que fueron construidos sus edificios, éstos fueron pintados de nuevo con este color cuando en 1905 el Príncipe de Gales la visitó, por lo que desde entonces se considera un símbolo de su hospitalidad.
Con trazado regular y ancho mientras que casi todas las ciudades de su época resultan caóticas, estrechas y mal planificadas, entre los edificios más conocidos destaca uno de los cinco Observatorios que Jai Singh, reputado astrónomo y rey desde los 11 años, ordenó construir a lo largo de la India, para su época un modelo de precisión y con aparatos diseñados por él mismo.
Se trata de un patio con 14 extrañas construcciones de piedra y mármol o los soportes que un día sirvieron para sostenerlos, que medían el tiempo, predecían eclipses y monzones, seguían las órbitas de las estrellas, y donde se encuentra el reloj solar más grande del mundo.
En este patio una escalera conduce a la terraza desde la que Jai, quien con sólo 13 años inventó un ingenioso método para que llegara el agua de riego a los jardines colgantes de la ciudad de Amber, meditaba mientras observaba los astros y que actualmente ofrece unas espléndidas vistas de la ciudad: a lo lejos el Palacio de los Vientos o Hawa Mahal, una curiosa edificación sin jardines (al contrario de lo habitual en los palacios indios) y sin una sola escalera, sólo rampas, originariamente destinada al harén y desde cuyas 953 ventanas las mujeres podían observar la vida de la ciudad sin ser ellas vistas; el Palacio del Maharajá, formado por varios edificios, uno de ellos transformado en Museo y donde lo más llamativo son los trajes de un antiguo rey que a juzgar por su tamaño debió medir más de dos metros o algunos de los instrumentos de medición de Jai Singh; el Chandra Mahal, sólo admirable desde el exterior, pues es la residencia de la familia del actual maharajá; el Fuerte Amber, una de las visitas más típicas pues los turistas llegan a la cima montados sobre elefantes, imponente fortificación a unos 11 kilómetros de la capital erigida sobre una colina rocosa junto a un lago, lugar de residencia de la realeza antes de que se trasladara a Jaipur y en el que llaman la atención sus cientos de celosías para que las mujeres pudieran ver pero nadie las observara a ellas; el Fuerte Jaigarh, a 15 kilómetros y del que se cuenta que jamás pudo ser conquistado, o el minarete Iswari Minar, construido en 1749 por el hijo de Jai Singh para conmemorar la victoria sobre su hermanastro en la disputa al trono aunque más tarde al verse acorrolado se suicidaría, siendo obligadas sus más de 20 esposas y concubinas a morir con él en la pira.
En el siglo XIX Jaipur creció notablemente, sus anchas calles se pavimentaron e iluminaron, se abrieron colegios, hospitales, incluso un aeropuerto, hasta el punto de que sus infraestructuras superan en mucho a ciudades tan importantes como Delhi o Calcuta siendo hoy una próspera urbe de 3 millones de habitantes y exportadora de piedras preciosas, alfombras persas o sedas.
