martes 27 de septiembre de 2011

La dinastía Atálida de Pérgamo

"Mis generales me harán funerales sangrantes"

Alejandro Magno, viendo cercana la hora de su muerte y postrado en su camastro, intuía que sus generales comenzarían las disputas sucesorias, y no se equivocó pues sangrientas luchas dieron lugar a la división de su Imperio en reinos independientes donde sus diádocos o sucesores fundaron sus propias dinastías.
Así, Ptolomeo I Sóter o El Salvador fundó la suya en Egipto, Seleuco I Nicátor o El Vencedor en Babilonia, Siria y después Asia (que estaba en poder de Antígonas), Antígonas Moftalmos El Tuerto en Macedonia y Grecia y Lisímaco en Tracia y Asia Menor (aunque este último no logró una sucesión).

Pérgamo (en la actual Turquía) o "ciudadela" era el nombre de una acrópolis a 335 metros sobre el nivel del mar donde Lisímaco guardaba un tesoro de 9.000 talentos además de joyas y de la que nombró gobernador a su general Filetero, quien en el año 282 a.C. decidió renunciar a su fidelidad y ofrecerse junto con la fortaleza y su tesoro a Seleuco, pero ambos diádocos murieron unos meses después, y aunque Filetero estaba teóricamente bajo control seleúcida, tras la muerte de Seleuco aprovechó el cambio de rey para declarar la independencia de todo el territorio y apoderarse de los tesoros que custodiaba.

Con él comenzó la dinastía Atálida (282-133 a.C.), llamada así por su padre, Átalo, linaje que duró 149 años y cuyos reyes aspiraron a transformar Pérgamo en una ciudad de la categoría de la Atenas de Pericles, lo cual consiguieron pues se convirtió en una urbe cosmopolita, centro pagano de deidades antiguas, rica y poderosa potencia donde nació el arte de la jardinería.

Como Filetero era eunuco y por lo tanto no podía tener hijos adoptó a su sobrino Eumenes, quien aprovechó que el Imperio Seleúcida debía concentrar todos sus esfuerzos en repeler las invasiones gálatas para ampliar su territorio.
Le sucedió su sobrino Átalo I, primer integrante de la dinastía en asumir el título de rey y cuyos triunfos contra esta tribu celta que continuamente saqueaba e imponía costosos tributos a los estados de Asia Menor, le valieron el título de Sóter o Salvador, importante victoria tras la que ordenó construir la famosa estatua El Gálata Moribundo.
Por otro lado comenzó la edificación de la célebre biblioteca de Pérgamo, la más importante del mundo conocido después de la de Alejandría, y fue el primer gobernante de Asia Menor en tener relaciones con Roma, quien ya despuntaba como pueblo dominante.

Eumenes II continuó la alianza con Roma para oponerse a la expansión seleúcida además de someter definitivamente con su ayuda a los gálatas, haciéndose con un fabuloso botín.
A raíz de esta victoria Pérgamo se convirtió en una de las ciudades más florecientes del Mediterráneo destacando por sus magníficas construcciones, como el altar de Zeus (transportado y reconstruido en Berlín en 1886 y actualmente expuesto en el Museo de Pérgamo) o su famoso Asclepeion (templos curativos consagrados al dios de la medicina, Asclepio), y donde se establecieron artistas, escultores, escritores, científicos, de todo el mundo conocido.
Además se dio un gran impulso a la biblioteca (cuyos libros regalaría años después Marco Antonio a Cleopatra) gracias a la invención del pergamino, nuevo material fabricado con piel de vaca o toro con la ventaja de que se podía escribir por las dos caras y que se comenzó a utilizar para escribir cuando los Lágidas se negaron a exportar papiro, fabricado a partir de una planta muy común y fácil de conseguir en el Nilo pero más frágil.

Su sucesor fue su hermano Átalo II, de 61 años, tan fiel a su hermano que le apodaron Filadelfos y quien se casó con su viuda para preparar a su sobrino al trono, y así fue como en el año 138 a.C. fue entronizado Átalo III, al que apodaron Filometor o "el que ama a su madre", curioso tipo de tirano que odiaba a su pueblo y que se dedicó a sus aficiones, principalmente la jardinería.
No tuvo hijos y completó su lamentable reinado en el año 133 a.C. con un extraño testamento en el que legaba su reino a la República de Roma.

Como era de prever no faltó quien pretendió el trono alegando la ilegitimidad de tan extravagante testamento, como Aristórico, que declaró ser hijo de Eumenes II y organizó una revuelta entre las clases bajas que fue sofocada en el año 129 a.C., convirtiéndose Pérgamo en la capital de la provincia de Roma en Asia Menor y llegando a su fin esta dinastía.