sábado 16 de julio de 2011

La Batalla de Covadonga

"Aquí en el Monte Auseva, morada inmemorial de la Virgen renació la España de Cristo con la gran victoria de Pelayo y de sus fieles sobre los enemigos de la Cruz" Inscripción sobre un bloque de piedra en el monte Auseva.

En el año 711 comenzó en la península ibérica la invasión de los musulmanes procedentes del norte de África, quienes entraron por Gibraltar al mando de Tariq y dieron muerte en la batalla de Guadalete (19-26 de julio de 711) al rey visigodo Don Rodrigo.
A partir de entonces comenzó una política de tratados con los nobles que les permitió controlar el reto de la península en apenas 15 años, excepto una insurrecta franja de la cornisa cantábrica donde en el año 718 se rebeló un noble llamado Pelayo.

Según cuenta la leyenda, el rey visigodo Witiza, hombre con fama de lujurioso y mujeriego, se había encaprichado de su sobrina, Luz Vitula Fernández, quien le rechazó porque estaba enamorada de otro de sus tíos, Favila, con quien se casó en secreto y tuvo dos hijos, Pelayo y Ermesinda, pero enterado Witiza ordenó el asesinato de Favila y el destierro de su viuda y sus hijos al norte.
Pelayo, inseguro en Asturias, habría huido a Jerusalén hasta la muerte de Witiza y entronización de Rodrigo, de quien era partidario y con quien ocupó el cargo de miembro de su guardia personal, luchando con él en Guadalete, tras lo que se refugió en Toledo, y a la caida de esta ciudad en 714, en Asturias.

Gobernaba ese territorio un compañero de Tariq llamado Munuza cuya misión era consolidar el dominio, mantener el orden, cobrar impuestos y tomar rehenes destacados a modo de garantía para realizar esos pagos.
Según una de las leyendas se enamoró de Ermesinda, la hermana de Pelayo, por lo que para poder casarse con ella le envió entre los rehenes que se trasladaban a Córdoba como garantía del pago de los impuestos, pero una vez allí, Pelayo escapó y descubrió la boda, montando en cólera y organizando una sublevación.

Sea como fuere la autoridad de Munuza fue desafiada por los dirigentes astures que, reunidos en Cangas de Onís en 718 bajo el liderazgo de Pelayo, se negaron a pagar los impuestos exigidos, como la yizia, el tributo que debían pagar para practicar su religión dentro del territorio musulmán.
Munuza envió al general Al Qama para someter a los sublevados, quienes se replegaron en un angosto paraje de los Picos de Europa, en el Monte Auseva, cercano a Cangas de Onís, donde tuvo lugar la batalla de Covadonga entre un pequeño ejército que la historiografía cuantifica en poco más de 300 combatientes y las tropas musulmanes, de número desconocido pero que se calcula entre 800 y 1.400.

Unos 100 hombres se escondieron en la cueva de Covadonga y los restantes en los cerros de alrededor logrando emboscar al desconcertado destacamento musulmán que no se pudo organizar dado lo angosto y abrupto del terreno, siendo aniquilado y los pocos supervivientes sepultados por un desprendimiento de rocas, posiblemente provocado pero mitificado por la historiografía cristiana que cuenta que durante la batalla, los cielos se abrieron y se distinguió la figura de una cruz.
Entonces Pelayo juntó dos ramitas de roble en forma de cruz y alzándola sobre el campo de batalla, llovieron piedras sobre los infieles, siendo derrotados gracias a la intervención divina.

Esta victoria (considerada el comienzo de ese proceso largo, lento e ineterrumpido llamado Reconquista, que culminó en 1492 con la toma de Granada por Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla) fue la primera contra la dominación musulmana en la península, otorgó un gran prestigio a Pelayo y provocó un levantamiento masivo de los astures, y aunque Munuza intentó escapar, fue interceptado y muerto.

Pelayo, considerado el primer monarca de los 14 que tuvo el reino de Asturias aunque él nunca se arrogó ese título sino que el primero en hacerlo fue el tercero de sus reyes, Alfonso I El Católico, estableció la Corte en Cangas de Onís, primera capital de Asturias y donde falleció en 737.

Su cadáver recibió sepultura en la Iglesia de Santa Eulalia de Abamia donde previamente había sido enterrada su esposa Gaudiosa, y aunque se cree que años después Alfonso X El Sabio ordenó el traslado a la Santa Cueva de Covadonga, hoy día este traslado se cuestiona.