jueves 2 de junio de 2011

Abu Simbel

"Caminaban por un terreno cubierto de cadáveres, todo rojo de sangre... ¡No hay lugar para los pies, tantos son los muertos" Poema de Pentaur.

Los hemispeos, característicos del Antiguo Egipto aunque también los encontramos magníficos en Petra (Jordania) son monumentos con la fachada decorada y el resto del templo excavado en la roca.
El más impresionante se localiza en el emplazamiento arqueológico de Abu Simbel (en Nubia, al sur de Egipto), mandado construir por Ramsés II para conmemorar lo que él ordenó trascendiera como una victoria en la sangrienta Batalla de Qadesh, cuando lo cierto es que terminó en tablas y un inestable equilibrio hasta la firma del tratado de paz 13 años después, negociación propiciada por las cartas de su esposa Nefertari al rey hitita Hattusil III y su cónyuge.

La contienda, donde se enfrentaron las fuerzas egipcias contra los hititas por el dominio de Siria, fue la primera batalla documentada de la historia y la primera que suscitó un acuerdo de paz, también documentado, concordia que se consolidaría mediante lazos de sangre pues la hija de Hattusil fue enviada a Egipto como esposa real.
Esta amistad con fructíferas actividades comerciales para los dos pueblos duró más de un siglo, hasta que los llamados Pueblos del Mar acabaron con Hatti.

En la fachada del templo mayor de los dos que forman el complejo de Abu Simbel (o Montaña Pura), cuyo interior está lleno de relieves e inscripciones que recuerdan esta autoproclamada gesta, aparecen esculpidas 4 estatuas colosales de 21 metros de altura que representan al faraón con algunos familiares y descendientes modelados a sus pies y bajo ellos unos relieves que simbolizan a los enemigos fronterizos y está orientado de tal manera que los días 22 de octubre y 22 de febrero (se dice que las fechas de su cumpleaños y coronación) los rayos de sol penetran hasta el interior iluminando durante 20 minutos los rostros de Amón, Ra y Ramsés, pero no el de Ptah, el dios de la oscuridad, mientras que en el frontal del segundo hemispeo, más pequeño y dedicado a Hathor (la dios del amor y la belleza personificada en su consorte Nefertari), se encuentran 6 estatuas de 10 metros, 4 de Ramsés y 2 de su esposa.

Pero estos impresionantes monumentos fueron abandonados con el paso del tiempo y cubiertos de arena, cayendo en el olvido para los occidentales hasta que en 1830 el suizo Johan Burckhardt, un explorador amante de la cultura islámica que para poder viajar a Oriente aprendió su lengua y sus costumbres, se convirtió al islam, cambió su nombre y se hizo pasar por mercader árabe, lo redescubrió, y aunque Abu Simbel estuvo a punto de desaparecer bajo las aguas en 1964 por la construcción de una presa, finalmente sus templos fueron reubicados tras un ciclópeo trabajo de 4 años en el que un equipo internacional los partió en bloques para reubicarlos a 200 metros de distancia y 65 metros más de altura.