Durante los siglos II y III a.C., las dos principales potencias de Mediterráneo fueron Roma y Cartago, lo que les llevó a enfrentarse por la supremacía en las llamadas Guerras Púnicas, y aunque Roma salió victoriosa de la primera, nació la fama del general Amílcar, que tras la derrota se dirigió a Hispania para compensar la pérdida de territorio.A su muerte fue sucedido por su yerno Asdrúbal que más partidario de la diplomacia firmó un acuerdo por el que la península quedaba dividida en dos zonas de influencia: Roma al norte y Cartago al sur, con la prohibición expresa de expandirse, pero Roma rompió el acuerdo, lo que desencadenó la II Guerra Púnica con Aníbal, de 25 años, al frente del ejército cartaginés.
Aníbal siguió una estrategia inesperada para los romanos pues en lugar de enfrentarse en la península o norte de África, llevó la guerra a Italia, donde venció en varias batallas, por lo que los romanos optaron por recurrir a la guerra de desgaste cortando sus lineas de suministros y evitando el enfrentamiento abierto, pero las tropas cartaginesas avanzaban imparables, de manera que en el año 216 a.C. el Senado decidió enviar 8 legiones a hacerles frente con los cónsules Varrón y Emilio Paulo al frente, cuando la mayoría de las guerras hasta entonces se habían resuelto con 2 y raramente 4.
A partir de entonces Aníbal planearía su estrategia teniendo en cuenta el carácter más impulsivo de Varrón y el más cauteloso de Emilio Paulo pues la ley romana obligaba a los cónsules a alternarse en el mando cada día.
Por otro lado Aníbal colocó a su ejército entre los romanos y su principal fuente de suministros, en la ciudad de Cannas, y mientras los legionarios se acercaban, envió una pequeña fuerza que fue repelida con éxito lo que disparó la confianza de Varrón pero al día siguiente el otro cónsul, contrario al planteamiento de su compañero, ordenó acampar a 2/3 antes del río Aufidus, que les separaba de Cannas, y el resto en la otra orilla para cubrir el campamento principal y hostigar al enemigo pero Aníbal, sabiendo de la importancia del agua, envió una avanzadilla al campamento pequeño, que no pudo salir a beber, lo cual tendría mucha importancia, porque llegarían a la batalla deshidratados.
Cuando llegó el momento del enfrentamiento los romanos siguieron la táctica convencional con la infantería en el centro y la caballería en los laterales pensando que los cartagineses, presionados por su mayoría numérica, caerían al río, pero la cabellería de Aníbal era muy superior y logró derrotar los flancos para después girar y seguir atacando, envolviendo y presionando de tal forma a los romanos que no podían ni levantar los escudos para defenderse de los honderos ni desenvainar las pilum, lo que aprovechaban los iberos para sacar sus cortas pero letales espadas pues otro punto muy importante fue que el ejército de Aníbal estaba formado por soldados diferentes nacionalidades y variedad de equipamiento mientras que las fuerzas de la república utilizaban el equipo tradicional.
Asimismo, Aníbal había maniobrado de tal forma que los legionarios recibían de frente el sol de la mañana a la vez que los fuertes vientos del sudeste les arrojaban tierra y polvo, dificultando su visión. Además estaban psicológicamente afectados por la falta de sueño pues ambos campamentos habían estado muy cerca, todo lo cual llevó a una catastrófica derrota en la que de los casi 90.000 soldados romanos sobreviveron 14.000, y con los mejores ejércitos destruidos, los soldados desmoralizados, el cónsul superviviente completamente desacreditado, la mayor parte del sur de Italia unida a la causa cartaginesa, la alianza con Filipo V de Macedonia y ni un solo ciudadano romano que no tuviera una muerte que llorar, el comandante cartaginés Maharbal urgió a Aníbal a atacar la ciudad de Roma inmediatamente, lo cual rechazó, pronunciando su hombre de confianza la famosa frase: " Vincere seis, Hannibal, victoria uti nescis" (Sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria).
Su actitud sugiere que no quería destruir al enemigo sino obligarle a aceptar un tratado de paz, de ahí que enviara una delegación a Roma que el Senado se negó a recibir, empleando este lapso de tiempo para reclutar más legiones y enviar una flota a Cartago, que ante las derrotas requeriría la presencia del general, que tuvo que volver después de 15 años en Italia.
En Cartago, Aníbal fue derrotado por Publio Cornelio Escipión lo que le valió el sobrenombre de El Africano, finalizando la II Guerra Púnica (201-218 a.C.) con la imposición de unas durísimas medidas de paz que enfrentarían a Aníbal con la oligarquía de Cartago, pues decidió que fuera ella con impuestos extraordinarios quien hiciera frente a las desbordantes medidas económicas, por lo que se exilió voluntariamente en Siria y después en Bitinia, donde ante la amenaza de ser entregado a sus eternos enemigos, se suicidó con un veneno que se cuenta llevó durante mucho tiempo en un anillo.
Por su parte Cartago, después de pagar todas las indemnizaciones a lo largo de 50 años, comunicó a Roma que dejaba de considerarse ligada a sus restricciones y ésta temiendo que resurgiera, demandó que la ciudad fuera demolida y trasladada a un lugar más alejado de la costa, buscando un casus belli que esgrimir ante el mundo para una nueva contienda.
Cartago se negó a su demanda y Roma declaró la III Guerra Púnica, siendo su enemiga totalmente destruida hasta sus cimientos en el año 146 a.C., tal y como demandaba Catón el Viejo al terminar sus discursos en el Senado: "Ceterum censeo Carthaginem esse delendam" (Por lo demás, opino que Cartago debe ser destruida).
Aníbal siguió una estrategia inesperada para los romanos pues en lugar de enfrentarse en la península o norte de África, llevó la guerra a Italia, donde venció en varias batallas, por lo que los romanos optaron por recurrir a la guerra de desgaste cortando sus lineas de suministros y evitando el enfrentamiento abierto, pero las tropas cartaginesas avanzaban imparables, de manera que en el año 216 a.C. el Senado decidió enviar 8 legiones a hacerles frente con los cónsules Varrón y Emilio Paulo al frente, cuando la mayoría de las guerras hasta entonces se habían resuelto con 2 y raramente 4.
A partir de entonces Aníbal planearía su estrategia teniendo en cuenta el carácter más impulsivo de Varrón y el más cauteloso de Emilio Paulo pues la ley romana obligaba a los cónsules a alternarse en el mando cada día.
Por otro lado Aníbal colocó a su ejército entre los romanos y su principal fuente de suministros, en la ciudad de Cannas, y mientras los legionarios se acercaban, envió una pequeña fuerza que fue repelida con éxito lo que disparó la confianza de Varrón pero al día siguiente el otro cónsul, contrario al planteamiento de su compañero, ordenó acampar a 2/3 antes del río Aufidus, que les separaba de Cannas, y el resto en la otra orilla para cubrir el campamento principal y hostigar al enemigo pero Aníbal, sabiendo de la importancia del agua, envió una avanzadilla al campamento pequeño, que no pudo salir a beber, lo cual tendría mucha importancia, porque llegarían a la batalla deshidratados.
Cuando llegó el momento del enfrentamiento los romanos siguieron la táctica convencional con la infantería en el centro y la caballería en los laterales pensando que los cartagineses, presionados por su mayoría numérica, caerían al río, pero la cabellería de Aníbal era muy superior y logró derrotar los flancos para después girar y seguir atacando, envolviendo y presionando de tal forma a los romanos que no podían ni levantar los escudos para defenderse de los honderos ni desenvainar las pilum, lo que aprovechaban los iberos para sacar sus cortas pero letales espadas pues otro punto muy importante fue que el ejército de Aníbal estaba formado por soldados diferentes nacionalidades y variedad de equipamiento mientras que las fuerzas de la república utilizaban el equipo tradicional.
Asimismo, Aníbal había maniobrado de tal forma que los legionarios recibían de frente el sol de la mañana a la vez que los fuertes vientos del sudeste les arrojaban tierra y polvo, dificultando su visión. Además estaban psicológicamente afectados por la falta de sueño pues ambos campamentos habían estado muy cerca, todo lo cual llevó a una catastrófica derrota en la que de los casi 90.000 soldados romanos sobreviveron 14.000, y con los mejores ejércitos destruidos, los soldados desmoralizados, el cónsul superviviente completamente desacreditado, la mayor parte del sur de Italia unida a la causa cartaginesa, la alianza con Filipo V de Macedonia y ni un solo ciudadano romano que no tuviera una muerte que llorar, el comandante cartaginés Maharbal urgió a Aníbal a atacar la ciudad de Roma inmediatamente, lo cual rechazó, pronunciando su hombre de confianza la famosa frase: " Vincere seis, Hannibal, victoria uti nescis" (Sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria).
Su actitud sugiere que no quería destruir al enemigo sino obligarle a aceptar un tratado de paz, de ahí que enviara una delegación a Roma que el Senado se negó a recibir, empleando este lapso de tiempo para reclutar más legiones y enviar una flota a Cartago, que ante las derrotas requeriría la presencia del general, que tuvo que volver después de 15 años en Italia.
En Cartago, Aníbal fue derrotado por Publio Cornelio Escipión lo que le valió el sobrenombre de El Africano, finalizando la II Guerra Púnica (201-218 a.C.) con la imposición de unas durísimas medidas de paz que enfrentarían a Aníbal con la oligarquía de Cartago, pues decidió que fuera ella con impuestos extraordinarios quien hiciera frente a las desbordantes medidas económicas, por lo que se exilió voluntariamente en Siria y después en Bitinia, donde ante la amenaza de ser entregado a sus eternos enemigos, se suicidó con un veneno que se cuenta llevó durante mucho tiempo en un anillo.
Por su parte Cartago, después de pagar todas las indemnizaciones a lo largo de 50 años, comunicó a Roma que dejaba de considerarse ligada a sus restricciones y ésta temiendo que resurgiera, demandó que la ciudad fuera demolida y trasladada a un lugar más alejado de la costa, buscando un casus belli que esgrimir ante el mundo para una nueva contienda.
Cartago se negó a su demanda y Roma declaró la III Guerra Púnica, siendo su enemiga totalmente destruida hasta sus cimientos en el año 146 a.C., tal y como demandaba Catón el Viejo al terminar sus discursos en el Senado: "Ceterum censeo Carthaginem esse delendam" (Por lo demás, opino que Cartago debe ser destruida).
