Se conoce como dinastía carolingia al linaje de reyes francos (procedentes de la Baja Renania y el este del Rin) que gobernaron en Europa Occidental entre los siglos VIII y X y cuyo nombre deriva de su fundador, Carlos Martel (o "martillo", arma de combate que dominaba), quien ostentaba el cargo de mayordomo de palacio, al principio simple servidor del rey pero que con el tiempo desarrolló gran poder hasta el punto de los reyes merovingios (descendientes del jefe franco militar franco Meroveo) tenían un papel simplemente nominal, lo que les valió el apodo de reyes holgazanes.Carlos Martel, a la muerte del monarca en el 737, decidió asumir todo el poder para demostrar la inutilidad de los reyes, y aunque 7 años después su hijo y sucesor Pipino permitió que accediera al trono el legítimo heredero, Childerico III (hasta entonces encerrado en un monasterio), para apaciguar a quienes estaban en contra de la eliminación de la figura del soberano, en el año 750 puso definitivamente fin al decadente reinado merovingio con el apoyo del papa, que necesitaba un rey con autoridad para combatir a los lombardos (pueblo germánico pagano y que era una amenaza para la iglesia), por lo que fue coronado a la vez que se producía la consagración de su dinastía, lo que significaba legitimidad a cambio de fidelidad a la iglesia y el papa, entregándole al año siguiente los territorios conquistados alrededor de Roma para la creación de los Estados Pontificios.
Antes de morir, Pipino dividió el reino entre sus dos hijos: Carlomán (que murió poco después) y Carlos, el futuro Carlomagno o Carlos I El Grande (747?-814), fundamental en la historia de Francia y Alemania, que llegaría a expandir su Imperio desde los Pirineos hasta Austria y Croacia, erigiéndose como líder de la cristiandad obligando a los paganos a convertirse bajo pena de muerte y a quien las fuentes retratan como un hombre alto, robusto y con una hermosa cabellera blanca.
Carlomagno dividió su reino en ducados y condados, organización que descansaba en la fidelidad de los nobles al emperador. Además fue una época brillante culturalmente pues aunque no sabía leer ni escribir (como la mayoría de los hombres de su tiempo) intentó elevar el nivel cultural de su pueblo creando diferentes escuelas donde se formaron sus hijos y todos los funcionarios de la Corte.
Pero en el aspecto económico fue una ruina pues el Mediterráneo estaba en manos musulmanas lo que llevó a una economía de subsistencia, de manera que mientras Carlomagno vivió, con su gran prestigio, personalidad, mano firme y las concesiones territoriales a los nobles, le obedecieron, pero a su muerte de neumonía en el 814 y tras 30 años de campañas y sin haberle sobrevivido su hijo más capacitado, le heredó su hijo Ludovico Pío (o Luis El Piadoso, llamado así porque estaba destinado a ser eclesiástico) que carecía del talento de su padre, por lo que la fidelidad a su imponente figura desapareció, y tras la muerte de Ludovico en el 843 después de tres guerras civiles, el Imperio se dividió en tres reinos: Francia, Alemania y Lotaringia, poniendo fin al Imperio carolingio y cuya parte oriental formaría un siglo después el Sacro Imperio Romano Germánico (962-1806).
