La Capilla Sixtina, exteriormente un edificio alto, rectangular y sin adornos, una de cuyas funciones es acoger la ceremonia de elección del papa, fue construida entre 1477 y 1480 por orden de Sixto IV, de donde toma su nombre, comenzando seguidamente la decoración por los artistas más importantes del Renacimiento, como Boticelli o Rafael, y uno de cuyos frescos laterales más conocidos representa a Cristo entregando las llaves a San Pedro, de Perugino, lo que dio lugar a una superstición: se decía que el cardenal que por sorteo se sentara debajo de esa pintura, sería elegido papa, y al menos tres de la época lo fueron.En 1508, Miguel Ángel recibió el encargo de pintar la bóveda, originariamente un cielo azul con estrellas doradas, empleando 4 años y medio en reflejar él solo y sin ayudantes distintas escenas del Génesis, la más apreciada y reconocida la Creación de Adán donde Dios, representado como un anciano con barba blanca, extiende un brazo para dar la vida al primer hombre y donde también aparece una figura femenina que se ha interpretado como Eva, aunque algunos han querido ver en ella a Lilith, mítica primera esposa de Adán que abandonó el Edén voluntariamente para entregarse a toda clase de vicios.
25 años después, en 1536, el papa Pablo III, le mandó representar el Juicio Final sobre la pared del altar, un colosal trabajo que en principio rechazó, impresionado por las dimensiones del proyecto y porque sobre todo se sentía escultor, pero que aceptó finalmente a cambio de libertad a la hora de representar las imágenes.
5 años más tarde, h
abía pintado más de 300 figuras pero los desnudos fueron considerados un escándalo, y pese a que el nuevo papa Julio III era tolerante, a su muerte se acusó al artista de obsceno y se encargó a uno de sus discípulos, Daniele de Volterra (al que se apodó Pintacalzones) cubrir las partes íntimas, pero falleció sin haber terminado su trabajo, y aunque en 1570 El Greco se ofreció a repintar el Juicio Final, para entonces aquellos desnudos estaban totalmente aceptados, teniendo que abandonar Roma por proponer semejante disparate.Uno de los mayores críticos de Miguel Ángel había sido el sacerdote Biagio de Cesana, quien consideraba sus frescos más propios de tabernas que de capillas pero el artista se vengó, y a la entrada del infierno representó a un condenado desnudo, con orejas de burro y con el rostro de Cesana, y aunque acudió lloroso al papa para que hiciera retirar la imagen, éste con gran sentido del humor respondió: "Mi poder, hijo mio, no llega al Infierno. ¡No puedo sacarte de ahí!".
